Transporte público en Roma

Lo más cómodo, sin duda, es el metro. Roma tiene sólo dos líneas: A y B, así que todo es muy sencillo. Ahora están construyendo la tercera, la línea C, que atravesará el centro histórico, junto al Campidoglio, Piazza Navona y San Pedro: lugares bastante alejados de las actuales bocas de metro.

Como es sabido, en Roma el metro debe discurrir por debajo del nivel arqueológico, a unos 18 metros de profundidad, para no dañar restos históricos. Pero cada boca de metro debe perforar ese nivel, y ahora mismo la línea C se encuentra en la fase de indagini archeologici preliminari, absolutamente imprescindibles para remover un cubo de tierra en la Ciudad Eterna.

El metro de Roma funciona bien y pasa con mucha frecuencia. Pero en las horas punta está abarrotado y la gente tiene que entrar con calzador. Eso sí, está sucio y lleno de pintadas, excepto los vagones nuevos, que funcionan sobre todo en la línea A. Nada que ver con el metro de Madrid y mucho menos con el de Bilbao. Y hay que tener siempre mucho cuidado con los carteristas.

Los autobuses y tranvías son bastante más complicados de utilizar. Existe una página web oficial del Comune de Roma con buena información: http://www.atac.roma.it/. Está en italiano, pero la sección más útil es “Calcola il percorso”, y esa sí está en castellano.

Eterno dilema con los autobuses de Roma es “pagar o no pagar”. Yo jamás he visto revisores en un autobús. Un conocido mío que no sólo los ha visto sino que los ha sufrido me dijo que los revisores, antes de subir al autobús, lo anuncian a bombo y platillo: “atención despistados, que vamos a subir; si no tenéis billete, bajaos del autobús”. Aún así, si te pillan, intentan darte una salida airosa. Eso es, al menos, lo que me dijo mi amigo.

En teoría, la multa es de 50 euros, si pagas al contado, pero ya os digo que podríais coger 200 autobuses antes de encontraros con un amable revisor. En el metro, en cambio, últimamente se han puesto más serios, y es frecuente encontrar controles.
Los billetes se sacan en los estancos o tabaccherie, establecimientos con una gran T mayúscula que se ven por todos lados. También existen máquinas expendedoras de billetes pero os las desaconsejo: con una frecuencia sospechosamente alta se engullen tu dinero sin dar a cambio ni las gracias. Cuestan 1 euro cada uno, aunque hay bonos para todo el día y para varios días, cuyo precio está calculado para que pienses que te va a salir más barato y en realidad nunca lo amortices. Es mejor comprar billetes individuales. “Cinque biglietti integrati, per favore”, significa que quieres 5 billetes integrados, es decir, que sirven lo mismo para metro que para autobús. Cuando validas el tiquet en los molinetes de entrada al metro, por ejemplo, tienes 75 minutos antes de que caduque, y puedes coger todos los autobuses que quieras con ese mismo billete.

Ya sé que la foto está muy desenfocada, porque está sacada desde el propio autobús, pero no la he tirado porque me hace gracia la campaña: “atención, estamos aumentando los controles”, y porque es muy informativa: 101 euros de multa, que se rebajan a 51 si se paga al contado.

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