Malta y sus restaurantes

“La dieta la dicta el tiempo, la tierra, el mar y la religión”. Donald Caligari es el dueño de Tal Petut, un pequeño restaurante de dos salas donde no hay carta, y son los comensales los que acuerdan previamente el menú con el propio Caligari. La inexistente carta se nutre exclusivamente de productos locales. Y el huerto lo pone Caligari, lo que explica que las zanahorias huelan a zanahorias y los tomates sean jugosos. La cocina de este agradable local es ligera pero intensa en sabores. Ensalada de berenjenas, tomates con queso y albahaca, conejo al horno con repollo y, como acompañamiento, un sencillo hervido de verduras con hinojo.”. De postre, ravioli fritos rellenos de ricota, con menta y helado de vainilla.

A Tal Petut hay que ir con tiempo. No es fácil de encontrar. Los taxistas no lo conocen. Es una pequeña casa de piedra en un callejón empinado de Birgu, cerca del puerto, a la espalda de una zona llena de terrazas.

De la Cottonera a Caravaggio

Desde esta misma zona de terrazas se puede alquilar, ya a media tarde, un paseo en barca por el puerto de Cottonera, entre las conocidas como las Tres ciudades de Malta: Vittoriosa, Cospicua y Sengle.

Son varias las posibles paradas. La Valetta es apuesta segura y la Cocatedral de San Juan una visita que deja buen sabor. Es una catedral pequeña, barroca, de arquitectura compleja. Antiguo santuario de la Orden de San Juan, es curioso, por ejemplo, comparar la decoración de las distintas capillas de los caballeros allí enterrados atendiendo a su origen (los había españoles, franceses, ingleses…) Nada tienen unas con otras, aunque acaban encajando.

El templo también acoge un pequeñísimo pero célebre museo que en el que se pueden contemplar La decapitación de San Juan Bautista y San Jerónimo escribiendo, de Caravaggio.

La noche de Malta puede ser interminable. Es un destino que hace tiempo se consolidó como lugar de peregrinación para jóvenes que quieren mejorar su inglés sin renunciar al sol y al agua. Hay, por tanto, variedad de bares, restaurantes de comida rápida, pubs, discotecas. Pero también hay opciones más tranquilas.

De nuevo las calles de la Valetta son, probablemente, la mejor opción. En Republic Street, vía peatonal que vertebra el centro de esta localidad, y alrededor de la Plaza Regina se concentran gran cantidad de bares y restaurantes a precios razonables. Sin salir del centro, se puede respirar el aire de toda la isla desde los Jardines Upper Barraca, un hermoso balcón a Malta.

Otra posibilidad es bajar al puerto, al conocido como Gran Harbour. Es aquí donde se celebra cada año desde 1991 el Festival de Jazz de Malta , a cielo abierto, junto al agua, en un ambiente relajado. En estos muelles se suceden los chiringuitos de comida sencilla, o de vino maltés y latas de Cisk, una de las cervezas locales. Apenas hay mesas. La comida se sirve en pequeñas bandejas y la gente pasea, cuelga las piernas al mar, se dispersa por el puerto.

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