Eslovenia

esloveniaCuando se levanta la bruma, lo primero que se divisa son las barcas cubiertas y alineadas junto a la orilla. Luego, quizás una figura solitaria remando en el agua. Finalmente, el sol se abre paso por completo y se observa el paisaje que aparece en cualquier folleto turístico sobre Eslovenia: un pintoresco lago alpino flanqueado por una montaña y una isla en cuyo centro está situada la iglesia barroca dedicada a la virgen de la Asunción.

La joya de la corona

En aquel contexto, la joya de la corona eslovena, la ciudad balneario de Bled, es perfectamente accesible. Se encuentra en un amplio valle situado en las estribaciones de los Alpes Julianos, a tan sólo 36 km del aeropuerto internacional de Ljubljana, la capital de Eslovenia, y a unos 45 km de las fronteras de Italia y Austria.

El lago ha actuado siempre como un imán. De este a oeste, es cruzado por antiguas rutas comerciales que discurren por el valle del río Sava, y, de norte a sur, por pasos de montaña que desembocan en el Adriático. Las minas de mineral de hierro dan vida a la región.

La isla donde se encuentra la iglesia de la Asunción ha sido lugar de encuentro habitual de peregrinos, tanto paganos como cristianos, y aloja santuarios e iglesias desde tiempos inmemoriales. Según la leyenda, una joven viuda fundió sus joyas para fabricar la campana de la Asunción, pero esta campana se hundió en el lago. Aunque, bajo los auspicios del Papa, se hizo posteriormente en Padua una nueva (de la que se dice que concede los deseos a aquellos que la hacen repicar), según la tradición, es posible oír a veces el tañido de la primera campana, que surge desde la profundidad del lago.

Los obispos de Brixen, que controlaron la zona durante 800 años (de 1004 a 1803) tuvieron la buena idea de construir su castillo en el espolón de un acantilado de más de 100 m de altura sobre el lago. El edificio alberga ahora un museo de Historia y un restaurante, y su terraza ofrece unas vistas espectaculares. Parece increíble que, en el siglo XVIII, Ignac Novak, uno de los administradores del castillo, quisiera drenar el lago y emplear la arcilla para hacer ladrillos.

Posteriormente, cuando la zona cayó bajo la influencia del Imperio Austríaco, los Habsburgo gustaban de visitarla para disfrutar de su templado clima y tomar las aguas. En 1855, un médico suizo, Arnold Rilki, abrió el primer balneario junto al lago y dio comienzo a una tradición que continúa hasta la actualidad. Los grandes establecimientos, como el Grand Hotel Toplice (120 €) y el hotel Jelovica Bled (58 €) disponen de estanques y tratamientos basados en el empleo de las aguas termales. Pero el lugar recibió su gran impulso –y el reconocimiento de toda Europa– de la mano de la apertura de la vía ferroviaria, en el año 1870.

Un hotel con historia
La casa más bella de la zona, Vila Bled (170/190 €) fue originalmente vivienda estival de los príncipes Windisch-Grätz de Austria; y, posteriormente, hasta la Segunda Guerra Mundial, alojó a la antigua familia real yugoslava. No sorprende que el mariscal Tito, después de la contienda, la convirtiera en residencia del Gobierno y la empleara como lugar de alojamiento y diversión de importantes invitados.

Durante el periodo comunista, era habitual la llegada de grandes limusinas negras con personajes como Nasser o Nehru, Brandt o Kruschev. Desde 1984, Vila Bled es un hotel exclusivo, por lo que las limusinas, de hecho, no han dejado de llegar. Olvídate de todo lo que has visto o imaginado acerca del diseño de interiores comunista de posguerra. Puede gustarte o resultarte deleznable, pero lo cierto es que no se reparó en gastos a la hora de amueblar Vila Bled con los mejores materiales disponibles en los años cincuenta. Es una pieza de época situada en el emplazamiento más espectacular, con vistas al lago desde las habitaciones y jardines que discurren hasta la orilla.

En verano, Bled se llena de turistas. En primavera, sin embargo, casi es posible oír los suspiros de alivio que exhala toda la zona. No es necesario hacer cola para jugar al golf, y son de fácil acceso muchos interesantes pueblos, museos, excursiones y actividades. Puedes tomar un barco para visitar la isla, o alquilar un caballo y un carro para dar una vuelta alrededor del lago. Todo está a tu entera disposición. Todavía es un lugar mágico y romántico y, lo que es más importante, es una de las puertas de entrada al Parque Nacional de Triglav, en los Alpes Julianos.

Setas y manzanas

En el valle, que se extiende entre Bled y Bohinj, a 26 km al suroeste, todavía es posible ser testigo de una forma rural de vida que ha desaparecido en la mayoría de los lugares de Europa. Si tu visita se produce en otoño, verás que el campo ofrece una abundante cosecha de setas y manzanas, nueces y tubérculos. Los graneros se adornan de maíz y los kozolec, rejillas de madera empleadas para secar el heno y otros cultivos, forman parte del paisaje. También podrás ver toplarji, rejillas dobles exclusivas de la zona.

Hay hermosos toplarji de los siglos XVIII y XIX en el pueblo de Studor, situado entre el lago Bohinj y Bled. En Studor vale la pena visitar el edificio Oplen una casa campesina de principios de siglo, reconvertida en museo. Con su mobiliario original y su cocina de leña, el edificio Oplen es testigo de la dureza de la vida rural que soportaban sus habitantes hace ahora 100 años.

En las cercanías, en Stara Fuzina, se encuentra el Museo Lácteo Alpino. Hasta finales de los años cincuenta, el queso se seguía elaborando en 28 prados de las tierras altas, pero en la actualidad todo se ha modernizado ya. Sin embargo, en el pequeño restaurante Plansar, (unos 30 e)situado frente al museo, se puede probar un maravilloso queso casero (fresco, o en bolitas llamadas struklji) y otras especialidades locales, como el jota (un estofado de judías).

Fuente: http://www.deviajes.es/viaje_a/ESLOVENIA_1.html

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